Cómo el viaje cambió mi perspectiva sobre la basura

By Junio 16, 2017Un día a la vez

Al vivir en un lugar pequeño como la kombi el espacio se transforma en un bien que hay que defender. Cada cosa que nos acompañó en el viaje tenía su propósito, cada cosa que viajó con nosotros tenía un lugar asignado que habíamos planeado desde el inicio. Ahí fue cuando nos dimos cuenta de que se nos había olvidado un gran detalle. La Basura.

No habíamos dedicado ningún lugar para ella y al ignorarla, habíamos ignorado también la cantidad de basura que dos personas pueden generar al día.

Partimos con una bolsa que colgaba de la manilla de uno de los cajones de la “cocina”. La bolsa plástica de supermercado era lo primero que veíamos al abrir la puerta y era la única cosa que teníamos que mover de un lugar a otro para que no nos molestara en las tareas cotidianas de cocinar o abrir los cajones para sacar un cuchillo.

Esa bolsa incómoda nos abrió los ojos. Nos dimos cuenta de que la bolsa se llenaba cada 2 o 3 días con los envases de las cosas que consumíamos. Eso significaba que durante el año de viaje estaríamos generando 121 bolsas de basura que iríamos dejando a nuestro paso por los lugares que visitáramos, esto sin contar la basura más grande que no cabía en la bolsa, como los bidones de agua de 6 litros que comprábamos todas las semanas. Si incluso se nos ocurrió que si cortábamos los bidones de agua tendríamos un basurero un poco más decente, y así lo hicimos.

Pero esto no solucionaba nada del problema.

Al costado izquierdo se ve la bolsa colgando del cajón de la cocina

Ir al supermercado a abastecernos se transformó en una tarea cada día más compleja, ya que tratar de buscar productos con menos empaque era una tarea casi imposible. La mayoría de los productos envasados vienen con 2, 3 o 4 capas de envase (over packaging) que estábamos comprando sólo para llegar a llenar el bidón basura. Y lo más doloroso era ver que más del 80% de la basura que llenaba nuestro basurero era plástico. Ese material eterno que hemos decidido usar para productos desechables.

En el viaje tomamos consciencia del problema y aunque tratamos de hacernos cargo comprando productos sin empaques, la mayoría de las veces nos veíamos obligados a comprar la basura que venía de regalo con el producto.

Ahora la basura ya no era invisible. La veíamos en nuestro espacio reducido todos los días y la veíamos a la orilla de los lagos, en los senderos de los bosques, desparramada sobre la arena de las playas y dolió. Dolió porque yo siempre me había considerado una persona ecológica, ambientalista, pero en la práctica era parte importante del problema.

Meses más tarde ya de vuelta en Santiago con el internet que vuela me puse a investigar y llegué a la luz de esperanza. El movimiento Zero Waste o Cero Basura.

Personas alrededor del mundo habían tomado consciencia del problema y estaban tomando acción desde sus propios hogares. Leí sobre Bea Johnson, Lauren Singer, Mariana Matija, y sobre el viaje de Alejandra y Agustín entre muchos otros que estaban cambiando la forma de hacer las cosas.

Desde ese momento en adelante, la basura ya no me da lo mismo.

Esto no quiere decir que ahora viva sin generar nada de basura, pero lo estoy intentando. El proceso de cambiar los hábitos es lento y requiere tiempo acostumbrarse y ordenarse, pero una vez que lo haces propio, te haces más consciente y terminará transformándose en la única manera de hacer las cosas.

La basura debería ser el enemigo de cualquier persona que se llame a si mismo viajero. Porque la curiosidad, las ganas de conocer el mundo vienen de la mano con las ganas de que ese mundo se mantenga intacto y saludable. A nadie le gusta llegar a un lugar hermoso para encontrarlo lleno de basura, y reclamamos que la gente que vive ahí es sucia, pero no somos capaces de ver que nosotros estamos haciendo lo mismo al llegar a casa.

Las huellas que dejamos

7 Consejos simples para sumarte al cambio:

  1. Rechaza los productos desechables. Botellas, bolsas plásticas, bombillas, platos, vasos y servicios plásticos.
  2. Compra en ferias o mercados. Los supermercados te obligan a comprar la fruta y verdura dentro de unas bolsitas de plástico que no sirven para nada. Lleva tu propia bolsa cuando salgas de casa.
  3. Compra a granel.
  4. Usa la Copa Menstrual. Elimina las toallitas o tampones desechables e infórmate de todos los beneficios que tiene una copa menstrual, tanto para tu salud, el medioambiente y tu economía.
  5. Usa productos de materiales nobles o bambú. La consigna es eliminar el plástico de nuestras vidas. Sartenes de cerámica y no de teflón. Cepillo de dientes de bambú y no de plástico. Envases de vidrio por sobre envases plásticos y así.
  6. Elige cosméticos y cremas con productos naturales. No testeados en animales.
  7. Analiza tus hábitos de consumo. Cuestiona como haces las cosas, es muy probable que no te estés dando cuenta de todo lo que estás dejando a tu paso.

El lago Uru Uru en Bolivia estaba tan lleno de basura que no pude aguantar las lágrimas.

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