De los 3.000 msnm al 0 (o de Calama a Iquique)

Para llegar desde Calama a Iquique hay dos opciones. La primera es empalmar con la Ruta 5, cruzar el desierto, pasar por la Pampa del Tamarugal, llegar a Alto Hospicio y bajar a Iquique. La segunda ruta es llegar hasta Tocopilla y luego avanzar por un camino costero.

Antes de salir no habíamos definido aún que ruta tomar, pero una vez  en camino la decisión fue clara. Desde Chuquicamata (no pudimos pasar a conocerla porque era domingo y solo hay tours de lunes a viernes) uno sube entre cuestas y quebradas hasta los 3.000 msnm. Era la primera vez que la kombi se enfrentaba a la altura y se portó excelente. Al llegar al punto más alto, el camino empieza a bajar (con subidas entremedio, nunca tan fácil) pero en este lugar,  el camino es pura pampa, corre un viento caliente y fuerte que a nosotros nos iba derritiendo de a poco. Así que al llegar al empalme, los dos coincidimos… Costa! Costa! Que pampa nos queda mucho por recorrer saliendo de Iquique.

El camino hacia la costa sigue siendo en altura, hasta llegar a las cercanías de Tocopilla. Ahí empieza una cuesta que casi pasa de los 2.000 msnm al 0 al llegar a Tocopilla. La ciudad de Alexis es mucho más grande de lo que esperábamos, vimos varias canchas de fútbol,  su calle principal tiene un paseo que baja al mercado y ahí mismo hay una plaza con un mural gigante de los cracks de Tocopilla, incluyendo al Alexis (como no somos futboleros no reconocimos a nadie más que él) No pudimos quedarnos en Tocopilla porque al ser domingo estaba lleno de gente almorzando y no encontramos estacionamiento. Decidimos seguir, ya que nuestro objetivo era llegar a Iquique. (No tenemos fotos porque íbamos buscando estacionamiento y cuando nos dimos cuenta ya habíamos salido de la ciudad, disculpas).

Cuesta hacia Tocopilla

Auto quemado y abandonado camino a Iquique.

El camino costero desde Tocopilla nos encantó. Aquí la cordillera de la costa cae muy cerca del mar, y todo el camino uno va por un pedacito de tierra que queda entre el mar y los cerros. El camino tiene muchas playas, diferentes y para todos los gustos, casi para pasar una noche en cada una de ellas.

Al terminar la II región, aparece la desembocadura del río Loa, el más largo de Chile, pero que a esta altura llega siendo una capita delgada de agua. Lo reconocimos por el verde que lo rodea y se hace evidente a los ojos, el milagro del agua. En medio de cerros de tierra, aparece un sendero verde que nace de las napas del río Loa.

Río Loa

Para pasar a la I Región, por cualquiera de los dos caminos, hay que controlarse en aduana y declarar los objetos de valor que lleves. Paramos a comer y seguimos, ya se nos estaba oscureciendo y no nos queríamos perder nada de este tramo.

En el camino aparecieron más playas y casitas en las laderas de los cerros. Es una zona de petroglifos pero los únicos que logramos ver en este tramo fueron una carita feliz hecha con piedras blancas y el mensaje de un enamorado “Te amo Benny”.

Lo último que alcanzamos a ver antes de que oscureciera fue el cementerio en la playa la Boca del Diablo al sur de Iquique.

En Iquique llegamos a la casa del tío Pepe, hermano de mi papá (Dani) quien nos recibió con comida y cerveza, los mejores manjares luego de un largo viaje. Entre agotados y orgullosos por el tramo realizado (fue el tramo más largo y complicado desde que partimos el viaje, por los cambios de altura y temperatura) compartimos las anécdotas de la ruta y pedimos consejos para conocer Iquique (ambos habíamos estado en nuestra infancia).

Los días que siguieron en Iquique tuvieron la esencia que hace de unos días, vacaciones. Nos levantábamos tarde, fuimos a pasear a la Zofri y aunque no compramos nada (o casi nada), nos dejamos llevar por ese vorágine de compras y algunas rebajas (la Zofri ya no es el paraíso de los precios bajos).

Nos gustó mucho Iquique. La costanera, llena de gente trotando o andando en patines, el Paseo Baquedano, resguardando parte de la historia del Norte (es uno de los lugares patrimoniales mejor cuidados de Chile), el Museo Regional con momias Chinchorro (las momias más antiguas del mundo) y diferentes vestigios de las culturas que habitaban el norte de Chile, y como el Diego Céspedes nos contagió con la música de su charango, nosotros nos compramos uno en la Feria Artesanal del Paseo Baquedano.

Al sur de Iquique disfrutamos de una playa casi para nosotros y nos dimos un día completo para flojear. Ese día cumplimos un año de pololeo (extraoficialmente llevamos harto tiempo más juntos) y pasamos el día practicando charango y jugando entre las rocas de la playa.

Iquique fue el lugar perfecto para cargar energías.

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