El secreto de las termas El Rincón

Luego de casi tres semanas, nos despedimos de Villarica, volvimos a habitar la kombi (que llevaba extrañándonos unos días) y avanzamos al sur bajo la lluvia, rumbo a Licanray. Bordeamos el lago Calafquén, disfrutando de nuevos paisajes, pero con la mirada fija en un punto del mapa. Coñaripe.

Coñaripe era el pueblo que nos daba la bienvenida a un día de relajo en aguas termales, era el lugar de acceso, la puerta de entrada. Desde el pueblo subimos la ruta que escala las faldas del volcán Villarica desde el sur, por casi 15 kilómetros de ripio, hasta llegar a las últimas, las termas El Rincón.

En medio de la naturaleza se ordenan alrededor de 8 tinajas de madera que reciben el agua termal de los manantiales hasta rebalsar. Cada tinaja está pensada para un máximo de 12 personas y nosotros estábamos solos, dueños y señores de todas las tinajas, solo para nosotros dos. Elegimos una, la que tenía mejor vista a la cascada en el fondo y oficialmente nos dejamos derretir.

La temperatura del agua termal nos mantenía abrigaditos mientras a ratos chispeaba sobre nuestras cabezas y con la vista perdida en el paisaje, dejamos que el tiempo pasara libre. Nos entretuvimos con los helechos, abejorros y zorzales, chucaos gritando en el fondo, mientras el ronroneo de la cascada se mezclaba con los gorgoteos del agua entrando en las tinajas.

Cuando la piel de los pies se había transformado en pasas, decidimos cambiarnos a los pozones naturales, bajando por un sendero hasta llegar de frente a la cascada. La brisa fría llega constante, pero el cuerpo se refugia en el agua de los pozones, los pies juegan en la arena, la vida se disfruta.

Pasamos la tarde agradecidos, observando, hasta que el día se nos empezó a ir y era momento de continuar. Nos despedimos de las Termas con la promesa de volver en un próximo viaje y retomamos el viaje al sur-oeste, en dirección a Panguipulli.

La tranquilidad de las termas se contrastó de inmediato con el camino de tierra, ripiado y suelto que bordeaba el lago Calfaquén, la ruta alternativa para llegar al destino. Nos estacionamos frente al lago Panguipulli y vimos al primer Martín Pescador de nuestro viaje por el sur.

Esa noche, Amunche abrió sus puertas a Diego y sus amigas y entre cervezas conversamos de futuros viajes, de ideas y sueños.

Cerramos un día llenito de contrastes, de esos días que son nuestros favoritos.

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