La aventura de cruzar el altiplano

Internado en el altiplano, entre bofedales, volcanes, lagunas, riachuelos y un cielo hermoso, está Parinacota, donde estuvimos viviendo 5 días. Nos hicimos muy amigos de Leonel, con quien compartimos conocimientos, conversaciones y además le ayudamos en su trabajo ya que manejar un hostal completamente solo, no es tarea fácil.

Aprendimos a hacer pan, le enseñamos a hacer pizza (probablemente la primera pizza hecha en el lugar) y conocimos el poblado de Parinacota desde sus propios ojos. De la vida de Leonel sabrán más en el segundo capítulo de nuestra serie.

Parinacota es un poblado casi fantasma, que toma vida para ciertas festividades religiosas y de vez en cuando al recibir a turistas extranjeros (y algunos chilenos). Parinacota está rodeada de naturaleza altiplánica, con bofedales, alpacas, llamas, diferentes aves, volcanes y cordillera, lo que la convierte en una de las localidades con mejor vista de nuestro país… y hermosos atardeceres.

Luego de días de trabajo y buenísimos momentos, llegó la hora de partir y retomar la carretera y por primera vez en mes y medio, dirigirnos hacia el sur. Nuestro destino: Llegar a Colchane por la ruta del altiplano.

La vista era privilegida; el camino pésimo, pero a pesar de eso, nuestra kombi se portó excelente y nos llevó por 130 kilómetros de calamina, ripio, trampas de arena, huellas y badenes y más calamina,   pasando por caseríos, retenes, poblados y un escenario hermoso. En el camino nos cruzamos con varios camiones cargados de bórax que extraen del Salar de Surire. Nuestra primera parada oficial.

A estas alturas sabíamos que íbamos con la bencina justa para llegar a Colchane así que cualquier desvío significaba menos posibilidades de llegar. Al llegar al salar, nos dirigimos directamente a CONAF, para dar aviso de nuestra llegada, pero no encontramos a nadie más que a un “cometocino”, pajarito típico de la zona y una vizcacha con sobrepeso, pero muy amigable.

Vicuñas, alpacas, llamas, vizcachas y hasta flamencos decoraban el lugar.

Habíamos decidido pasar la noche en las termas de Pollequere, al extremo oriente del salar, muy cerca de la frontera con Bolivia, pero mientras avanzábamos hacia ellas sentíamos como la bencina nos iba a abandonando.

Ahí nos encontramos con un lugar de ensueño. Era más que una simple terma, una laguna de aguas calientes, vapor y fuertes vientos. Esto último más que nada por la hora, así que luego de mojarnos los pies, decidimos bañarnos por la mañana del día siguiente ya que el viento no aflojó hasta avanzada la noche.

Junto a la laguna encontramos el patio de nuestra casa. El vapor creaba un micro clima bastante agradable para estar a 4.500 msnm. ¿Frio? Nada.

Este lugar es el secreto mejor guardado de la XV Región. Tanto que éramos los únicos humanos, muchos kilómetros a la redonda.

A la mañana siguiente nos despertamos muy temprano. Dani fue rápidamente al agua y yo la seguí. Luego hicimos tomas por todo el lugar, maravillados por el amanecer. El viento ya se había olvidado de nosotros por suerte.

Disfrutamos una excelente mañana. Pero teníamos que continuar. Guardamos todo, dejamos todo tal cual lo habíamos encontrado y nos devolvimos  17 kms hasta el cruce que nos llevaría a Colchane.

Empezamos a recorrer la ruta, entre medio de un paisaje muy especial. Se caracterizaban los caseríos dejados en el olvido. Esperábamos empezar a bajar pronto, ya que Colchane se encuentra a 3.800 msnm y nosotros estábamos muy por sobre eso, pero no fue así. La ruta iba en subida entre calamina y tierra.

Pronto nos encontramos a 4.700 msnm cuando en eso, se puso a nevar. La preocupación entró en nuestra cabeza. La Dani trataba de disimularlo pero era la primera vez que la veía asustada.

Nos encontramos en la ruta con un minibús de turismo, que nos recomendó no seguir ya que el camino estaba muy malo. Nosotros no contábamos con suficiente bencina para dar pie atrás, si con suerte teníamos para seguir adelante!

Más lejos estaba Parinacota o Putre que Colchane. Era nuestra única opción. Tal vez fue irresponsable, pero pusimos toda nuestra confianza en la kombi y en nuestro criterio. El chofer del minibús nos recomendó uno de los dos caminos que iban hacia Colchane. Nos dijo que él pasó por muchas trampas de arena, que para nosotros serían imposibles de pasar,  así que nos recomendó tratar por el otro camino, que según le contaron, estaba mucho peor, con rocas que probablemente tendríamos que palear y hacer ruta para poder pasar.

Tras la nieve, el camino y nuestra preocupación comenzó a bajar. La nieve se tornó lluvia,y para nuestra suerte no era tan intensa como para que el camino húmedo no nos dejara avanzar.

El camino estaba realmente malo, pocas veces me había encontrado en un lugar así, y nunca con tanta altura, soledad, y menos en la kombi, la cual no tiene tracción adecuada para un camino como este. A cambio, teníamos paisajes hermosos, entre quebradas y bofedales. Cada vez que veíamos casas a lo lejos, nos alegrábamos de que quizás podríamos encontrar bencina, pero no era así. Si bien muchos pueblos se ven marcados en el mapa, hoy en día todos los de esa ruta están abandonados. Tal vez uno que otro arriero de llamas y alpacas vivía en una de aquellas casas, pero nadie se dejó ver, al menos en nuestro paso.

Avanzábamos y avanzábamos y la aguja de amunche, nuestra kombi, no podía bajar más. Esperábamos que se prendiera la reserva, para tener  la seguridad de que al prenderse, nos quedaban aproximadamente 40 kms de autonomía. Llegamos a un pueblo llamado “Enquelga” que nos indicaba que Colchane estaba cerca. Al ver que no había bencina, y que Conaf estaba cerrado, seguimos avanzando.

Al poco andar la bencina se nos acabó y nos quedamos en pana a un lado del camino. Ahora teníamos la certeza de que la luz de la reserva se nos echó a perder en el viaje porque nunca se prendió. Esperamos tres horas a que alguien nos salvara. A los seis autos que pasaron por la ruta en ese tiempo, le pedíamos ayuda o que dieran aviso a carabineros para que nos vinieran a socorrer. Hicimos parar al séptimo auto que pasó por el camino, eran los chicos de Conaf de Enquelga. Habían sido avisados de nuestro percance y llegaron con bencina a salvarnos, les dimos todas las gracias que pudimos y con los litros que nos dieron volvimos a la ruta. Sólo nos faltaban 15 kms para llegar a Colchane, junto a la frontera con Bolivia. Quince.

No existen estaciones de bencina “oficiales” en Colchane. Así que tras preguntar en carabineros,  nos indicaron unas casas en donde se vende bencina boliviana. Grata sorpresa fue que tras dar con el lugar, la bencina estaba harto más barata que en cualquier otra parte, “llénelo por favor, y los estanques del techo también”.

Al final del día, cansados, nos dimos un lujo y por primera vez en lo que lleva de nuestro viaje, estacionamos la kombi en un lugar seguro y nos quedamos en un hotel. Ya tranquilos, seguros, y con mucha bencina para continuar.

Pasamos susto, nervios y ansiedad, pero en retrospectiva, fue el tramo más emocionante, hermoso y gratificante de la ruta. Nos despedimos de la XV Región y saludábamos a la Primera con más ganas de aventuras!

(asi quedo el pobre corazón de la kombi tras la aventura)

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