No nos dimos cuenta de cómo pasamos casi un mes sin escribir. No significa que el viaje esté menos interesante, sino que la serie se ha adueñado de nuestro tiempo y entre grabar los capítulos, editar y avanzar el viaje, los días de descanso son tan preciados que el computador no era una prioridad.

Lo último que les contamos fue nuestra aventura cruzando el altiplano (puedes leerla aquí) ahora desde San Pedro de Atacama les contaremos el viaje en un “mix” de lo que han sido estos días recorriendo la I y II región.

“Pensábamos que solo tendríamos que bajar”

Desde Colchane hacia Huara esperábamos que la gravedad nos llevara sin esfuerzo, pero bajar significaba volver a subir entre cerros y más montañas. Diferentes tipos de rocas y algunos caseríos desparramados iban adornando la ruta. El camino era muy sinuoso y a lo largo de los años ha ido dejando varias víctimas. En este sector de Chile, los autos de los accidentados se transforman en las mismas animitas.

Luego de varios kilómetros de curvas y laderas, llegamos a una recta en una planicie que nos internó de lleno en el desierto.

“Hola, calor”

En todos estos días de viaje, no habíamos ni pensado en el calor del desierto. El altiplano tiene un clima fresco, hasta frío, por lo que cuando logramos bajar de la precordillera, el calor nos atacó con toda la fuerza de alguien que no cacha donde está. Visitamos al Gigante de Atacama y seguimos el viaje a Huara, tratando de escapar del sol. En Huara visitamos a los abuelos de nuestros amigos de Antofagasta (Juan y David García) quienes nos alimentaron como si fuéramos sus propios nietos.

Nos encontramos con una piscina municipal nueva sin terminar al lado de una escuela donde los niños llegan en bicicletas y pueden dejarlas sin candado, ni cadenas en las calles de su pueblo.

Recorrimos Huara semi derretidos y luego de una caminata bajo el sol volvimos a la ruta camino a Mamiña.

 “La niña de mis ojos”

Cuenta la leyenda que un jefe inca tenía a su hija enferma y estaba perdiendo la vista. Es por eso que mandó a su gente a buscar ayuda a diferentes partes del imperio. Uno de los enviados descubrió el agua que brotaba en lo que ahora es Mamiña y el jefe inca llevó a su hija para ser tratada por las aguas milagrosas. La hija sanó y el jefe hizo llamar al valle con el nombre de “Mamiña” que significa “La niña de mis ojos”.

Nosotros no llegamos buscando el agua milagrosa, llegamos buscando a un nuevo personaje. Fuimos preguntando a la gente que nos topábamos y fue al lado de la fuente de Mamiña donde escuchamos sobre el que sería nuestro tercer protagonista. Juan es un cantero y trabaja la piedra rosada característica de la zona.

Tuvimos varios días para conocer el lugar y gracias al hostal Helvética, pudimos quedarnos cómodamente en una de sus habitaciones mientras trabajábamos con ellos haciéndoles una página web (no todo es placer en este viaje).

“El estreno en Iquique”

No fue intencional, pero llegamos a Iquique al cumplir un mes más de pololeo. Exactamente hace un mes habíamos celebrado el año en este mismo lugar.

Los días en Iquique fueron días de trabajo y edición, pero al mismo tiempo, días de paseos, cine, playa, sol, castillos de arena, playitas en las olas de Cavancha y asados en la playa Ike Ike.

Un día paseando por la feria, nos encontramos con María Lucia, nuestra cuarta protagonista. Con ella estuvimos un día completo grabando su taller, conociendo a su familia y comiendo rico rico! (su hijo Felipe estudia cocina Internacional y se nota).

Aquí estábamos cuando estrenamos el primer capítulo de la serie. La historia de Teófilo y su trabajo en Putre fue compartida por las redes sociales de una manera que nos dejó muy contentos! (En el sitio de T13 llegamos a las 10.000 visitas). Si aún no lo has visto puedes revisarlo aquí.

“La Cocha de Pica”

En Pica nos estaba esperando nuestra quinta protagonista. Cynthia trabaja con Aloe Vera y la conocimos en Iquique. Llegamos más tarde de lo que pronosticábamos pero Cynthia nos estaba esperando con una rica once y mucha palta!

Al día siguiente grabamos su trabajo, sus sueños y proyecciones y nos quedamos en su campo una noche más.

Paseamos por Pica, un valle verde en medio del desierto, con frutos tropicales como el mango, la guayaba y la maracuyá. Tomamos jugos naturales, helados artesanales y pasamos buenas horas disfrutando del agua tibia de la Cocha El Resbaladero.

Al despedirnos de Pica tuvimos que cruzar una tormenta de arena, que fue la mejor despedida para abandonar uno de los más lindos oasis escondidos en el desierto.

“Calama como centro de operaciones”

Nunca pensamos que Calama sería el punto de retorno en nuestro viaje. Llegar a Calama se siente como llegar a casa. Una casa sencilla, llena de gente, con risas y burlas todo el día, una casa que se construyó con la gente que la habitaba. En ella podemos descansar, cargar baterías, organizarnos y así continuar el viaje. En Calama grabamos a los chicos trabajando, vimos la goleada de Chile contra Venezuela y nos cruzamos con la carrera de Autos Solares que cruza el desierto de Atacama.

Los autos que vimos pasar eran impulsados por la fuerza del sol (y algunos también por pedaleos de los choferes) y a pesar de que nuestra kombi no es movida por energía solar, si llama la atención que tengamos la autonomía energética gracias a ella.

Los días pasan rápido y siguen sucediendo cosas hermosas que nos dejan en evidencia que cuando uno se atreve, el universo confabula para que todo salga perfecto.

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