A las 8.30 de la mañana estábamos sentados en el jeep de Flavio, dueño del Lodge Terrace en Putre quien nos invitó a conocer el Parque Nacional Lauca. Flavio trabaja como guía turístico y a pesar de ser italiano es uno de los que mejor conoce la flora y fauna del parque y las mejores horas para visitar cada lugar.

Partimos el viaje por un camino de tierra en búsqueda de Suris (ñandú del norte) pero no vimos ninguno. Nuestra suerte fue cambiando a medida que avanzaba el día. Uno de los mayores atractivos del Parque es el Lago Chungará, uno de los más altos del mundo a 4.500 msnm. En la mañana es posible ver el reflejo del volcán Parinacota en el agua, efecto que se pierde en la tarde por los fuertes vientos del altiplano.

Describir los paisajes es siempre difícil. La sensación de estar en un lugar tan inhóspito y complejo, rodeada de tanta vida que se ha adaptado a la sobrevivencia en altura es algo que sorprende más allá de lo que los ojos van percibiendo. Nos encontramos con gaviotas andinas anidando en las rocas del lago y con una mamá Tagua construyendo el nido para su recién nacido. Vimos a 4 Guayatas copuchando en la orilla y a varios Patos Puna volando a ras del agua.

Caminamos por uno de los senderos autorizados que están a la orilla del lago cruzando un bofedal y en el conocimos al Queñoa (un árbol medicinal para la diabetes) a la Chachacoma (una planta medicinal especial para el mal de puna) y a la Yareta, un arbusto andino que crece unos pocos centímetros por año. Vimos a llamas y a alpacas pastando o bien luchando con los bofedales sin inmutarse con nuestra presencia.

Continuamos el viaje de vuelta a Putre y nos detuvimos en las lagunas Cotacotani, un conjunto de lagunas formadas por rocas volcánicas de los volcanes gemelos o Payachatas. Las lagunas tienen un color turqueza con las orillas blanqueadas por los minerales del agua y desde nuestra vista vemos una población inmensa de Yaretas que adornan el paisaje.

Avanzamos. A esta hora del día, la puna empieza a hacerse notar. Al hacer esfuerzos se nos va el aire y a algunos nos empieza a doler la cabeza. Nada que un descanso no quite, por suerte. Paramos a almorzar en Parinacota. Allá nos espera Leonel con la mesa servida. Nos tomamos un té de coca con chachacoma para aliviar el dolor de cabeza y una sopa. El almuerzo, fideos con carne de llama. Parinacota está rodeada de un bofedal hermoso donde vemos pastar a los animales y nos encontramos con un “pájaro carpintero” anidando en la tierra.

En Parinacota nos cruzamos con el “vomi-tours” (así es como le dicen los lugareños al tour que viene desde Arica) Nosotros estamos un poco afectados por la puna, pero nada grave, porque nos aclimatamos un día en Putre. Pero los turistas que suben desde Arica pasan del 0 al 4.500 en menos de 3 horas, y ese cambio de presión hace estragos en el cuerpo. Muchos de ellos vomitan en la altura y eso hace que no puedan disfrutar nada de lo que están viendo. Así que como recomendación, no se haga el fuerte y descanse un día en Putre.

Nuestro recorrido continúa maravillándonos. Vemos vicuñas por todos lados, pero son tan asustadizas que no nos dejan acercarnos mucho. Las vicuñas son animales silvestres (a diferencia de las alpacas y llamas que son domesticadas) y está prohibida su caza.

En el sector de las cuevas nos encontramos con una familia de Vizcachas reposando el almuerzo. Las vemos tomar su siesta entre las rocas de las cuevas, dejándose acariciar por el viento. Y es el mismo viento el que no las hace percatarse de que estamos cerquitas de ellas observándolas.

Nuestro día como turistas nos dejó con ganas de más. De seguir viajando por Chile conociendo las maravillas que tenemos y que muchas veces no somos capaces de valorar. Porque valorarlo es más que decir “que bonito” y listo, falta que asumamos el potencial turístico que tenemos y podamos apoyar concretamente para que estos lugares sigan siendo protegidos, no solo para maravillarnos un día, sino que para tener la certeza de que a pesar de la complejidad, de la altura, del frío y de las tormentas, sigue existiendo vida en el altiplano.

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