Rememorando los días en la cuarta

Nos despedimos de la tercera región y partimos entusiasmados a cruzar hacia la cuarta. Luego de varios meses nos volveríamos a encontrar con dos de nuestros amigos. Habíamos coordinado para que sus vacaciones calzaran con nuestros días recorriendo la IV región y así poder pasar unos días de verano juntos.

La Vale es profesora de educación básica en el mismo colegio en el que nos conocimos, en Quillota. El Felipe es su pololo y se unió sin complejos a lo que llamamos la Cuadrilla. La pobre cuadrilla no pudo compartir mucho tiempo juntos porque a nosotros se nos ocurrió salir a recorrer el país, dejando a la pobre con sus miembros separados, así que cuando apareció la oportunidad de reunirnos… había que hacerlo!

Nos encontramos en La Serena, nos abrazamos como siempre y las risas aparecieron espontáneas y no desaparecieron durante todos los días compartidos. Nos fuimos rumbo al Valle del Elqui y por primera vez en todo el viaje, sentíamos que ya era verano. El calor era extenuante por lo que el plan era instalarnos lo más rápido posible. Paramos en todos los sitios de camping desde Paihuano hasta Pisco del Elqui y cada lugar estaba repleto. A repleto me refiero a que las carpas dejaban un pasillo de 50 cms entre cada una, a que en las pozas era imposible no salpicarle agua al otro, a que para los baños había que hacer fila, a que lo que verías de naturaleza sería el pedacito de pasto debajo de la mesa. Nos desvíamos en Monte Grande hacia el Valle del Cochiguaz con la esperanza de que el camping que nos habían recomendado tuviera espacio para nosotros.

El lugar se llama Río Mágico y era hermoso. Justo al medio de la quebrada del valle corre un río de aguas transparentes que nos invitó a meter los pies en el agua incluso antes de instalarnos. El camping era perfecto. Es extenso y permite la visita de mucha gente sin que se sienta atestado, lo que permite que no se pierda esa conexión con la naturaleza que estábamos buscando.

Llegamos a estirar las piernas, a jugar un rato en el agua y luego a hacer una cena para celebrar el reencuentro. Hamburguesas a la parrilla! Y es que todo, simplemente todo sabe mejor cuando estás en un lugar así.

Los días en Río Mágico estuvieron llenos de caminatas, comidas, risas, calor, aguas transparente, nados, chapoteos y piqueros. Nos despedimos del lugar con el corazón contento y seguimos el viaje hacia Tongoy.

Tongoy es uno de mis lugares favoritos. Es que hay una conexión más grande con el lugar porque fue el escenario de muchos de mis mejores recuerdos de infancia. Mis padres armaron una casita con dos containers en un terrenito donde solíamos acampar y la casa nos recibió como siempre como un hogar en pausa.

Pasamos días mirando el mar, jugando paletas, riéndonos y construyendo recuerdos nuevos, ahí todos juntos. Algunos en la caleta, comiendo empanadas de ostión o macha queso, paseando por la feria artesanal de los viernes, explorando en búsqueda de zorros o bañándonos en el agua de la playa grande mientras algunos peces saltaban luciéndose a solo metros de distancia.

Los días compartidos pasaron rápido y llego el momento de despedirnos. La Vale y el Feli volvían a Quillota, nosotros volvíamos a La Serena a grabar un nuevo capítulo. Pero la promesa de encontrarnos pronto se sentía tan cerca que nos despedimos entre bromas y risas, como siempre.

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