Transformar una kombi en hogar itinerante

By Diciembre 8, 2015Info útil

Todo partió con una simple idea: Querer conocer Chile. Mientras más rincones mejor. Mientras más caminos mejor. El plan era recorrer nuestro país de Norte a Sur durante un año de viaje.

Hacerlo involucraba muchos recursos, sobre todo dinero. Nosotros no disponíamos de tanto pero eso no significa que no podíamos hacerlo, sino que era necesario buscar alternativas que se ajustaran a nuestro presupuesto.

Nos pusimos a buscar un vehículo accesible que nos permitiera adaptarlo para nuestro viaje. Necesitábamos espacio, mecánica simple y precios baratos. Teníamos diferentes opciones pero ganó por goleada la kombi. Cumplía con todo lo que estábamos buscando y tenía tres valores agregados. 1. La Dani (mi polola) podía cumplir su sueño de tener una. 2. Más que un vehículo cualquiera estábamos adquiriendo “buena onda”. 3. Formaríamos parte de una de las comunidades de autos más activas y solidarias, tanto en Chile como en Latinoamérica. Las kombis vienen con un valor agregado que ningún otro vehículo a nuestro alcance podía darnos. Esa camaradería, ese entendimiento de lo que significa ser un viajero se da en pocas personas, pero al parecer si tienes una kombi, automáticamente se te activa el switch.

La compramos hace poco más de un año y en el interior sólo tenía asientos de paja y una frazada. Así comenzaba el proceso de construcción realizada por dos comunicadores. Para transmitir mejor la idea, ni yo ni Daniela somos carpinteros, o arquitectos, o ingenieros, pero decidimos hacerlo nosotros mismos por dos simples razones: Porque no teníamos dinero para pedirle a alguien que la hiciera (siendo que en Chile hay buenos “camperizadores de kombis”) y porque queríamos hacerlo nosotros mismos. El aprender haciendo se ha convertido en nuestra filosofía y esperamos que también así sea en muchos proyectos más.

Una de las primeras cosas que tuvimos que hacer fue sacar el motor, para ver en que condiciones estaba y así evaluar que haríamos con él. Lo mismo con los asientos y todo lo que se encontraba adentro. Para darles una idea sacar el motor de una kombi, y se aplica lo mismo en un escarabajo, demora entre 20 minutos a una hora. Nosotros nos demoramos 35 minutos clavados gracias a la ayuda de un amigo, quien tampoco era un experto pero ya lo había hecho una vez antes.

El diagnóstico fue simple; el motor estaba bueno pero si queríamos cruzar el país y recorrer más de 30.000 kms teníamos que irnos a la segura, así que decidimos hacer un ajuste completo, rectificar todo lo que fuera necesario, poner un poco más de tecnología con un módulo de encendido electrónico, embrague, piolas, etc. Básicamente todo lo que podía llegar a fallar se reemplazó. Lo mejor de todo es que probablemente este trabajo costó menos que una simple mantención de un vehículo nuevo, y así tendríamos kombi para rato.  Si algo caracteriza a estos bichos es que si los tratas bien son tan fieles como un perro viejo.

Luego comenzamos por el interior. Lo primero fue sacar los asientos originales que estaban en muy mal estado e instalamos unos asientos de Volkswagen Golf. Tras eso había que alistar el interior a esta ex militar en retiro (si, tiene un pasado en el ejército) para poder empezar con el aislante térmico. Dado que nuestro país tiene climas extremos, nos quisimos asegurar aislando la kombi para el frío y para el calor. Para eso usamos dos tipos de aislantes, el primero es refractivo, que funciona rebotando los rayos UV, y el segundo es un fieltro sintético que nos mantendría un poco más alejados del frío. Recubrimos todo el interior casi sin dejar lata al descubierto y también cortamos la separación de la cabina para así poder circular desde los asientos delanteros hacia la parte trasera.

Luego de aislarla completamente empezamos a pensar en el diseño y en las necesidades que debíamos suplir. Una de ellas era poder tener autonomía energética para poder trabajar en cualquier lugar donde nos encontráramos. Necesitábamos energía para cargar computadores y cámaras y la batería de la kombi se nos hacía poco. Pensamos en un generador, pero son contaminantes y ruidosos y no nos gustaba la idea de llegar a interrumpir la tranquilidad de los lugares, así que optamos por tratar con energías renovables. Presentamos el proyecto y logramos obtener el auspicio de Tritec, una empresa de energía foto-voltaica que nos instaló todo un sistema eléctrico, con baterías de ciclo profundo, inversor, y todo lo necesario para ir trabajando en la serie documental que nos propusimos realizar durante el viaje, Nosotros los Chilenos

Una vez instalados ya podíamos empezar con la obra gruesa. Necesitábamos que la kombi tuviera lo necesario para dormir, comer, cocinar, trabajar y vivir durante un año. Luego de analizar diferentes opciones para optimizar los 3.5 m2 que teníamos, optamos por la siguiente distribución:

Instalamos un sillón cama en la parte central (compramos unas bisagras diseñadas para el espacio disponible de la kombi), hicimos dos superficies o mesas para trabajar y comer que se adaptaran al espacio del sillón. Tapamos una de las ventanas laterales para hacer un closet completo para nuestra ropa, y en el espacio de adelante armamos un mesón con cocina, refrigerador y lavaplatos y con el espacio suficiente para guardar comida, un balón de gas y artículos de aseo. En la parte trasera hicimos una repisa/velador y como nos sobraba madera y andábamos creativos, hicimos un pequeño mueble repisa en la parte de adelante, para guardar aliños, té y otros cachivaches.

Para el suelo (y para los muebles) ocupamos terciado marino de 1.5 y sobre eso le pegamos un linóleo con patrones de “piso flotante” para poder limpiar el piso de manera más fácil.

En el proceso contamos con la ayuda de diferentes personas que se entusiasmaron con la idea. Nuestras madres hicieron las cortinas y los bolsillos, y amigos nos ayudaron con la madera y el barniz. La kombi nos tomó dos meses de trabajo y quedamos muy felices con el resultado, mayormente porque nos sorprendimos nosotros mismos de lo que éramos capaces de hacer.

Todo esto lo fuimos haciendo de a poco, midiendo, cortando, barnizando, equivocándonos y aprendiendo en el proceso. Curiosamente si uno le presta atención y dedicación, no es para nada difícil, sólo hay que tener paciencia.

Luego de los muebles nos quedaba tapizar y alfombrar para poder tapar el aislante. Tampoco sabíamos cómo hacerlo, pero eso no quitaba que no podíamos aprender. Para tapizar ocupamos cholguan, le pusimos espuma para tapiz y compramos tela gruesa que nos alcanzara para cubrir la kombi completa. Así hicimos las puertas, el techo, los laterales y bolsillos en cada espacio disponible para poder organizar nuestras cosas.

Ahora a tres meses de viaje la kombi se ha transformado en un hogar cómodo y acogedor. Muchos nos preguntan si es incómodo o si extrañamos nuestras camas, pero la verdad, la kombi nos quedó tan cómoda (la cama es espectacular) que no hemos extrañado mucho las cosas materiales. Lo único que no tenemos es baño, pero hemos aprendido a adaptarnos y las duchas, eso que uno hace normalmente sin tomarle el peso, se han transformado en los mejores regalos que alguien nos podría ofrecer. La kombi nos da alternativas, tenemos una ducha solar y hasta una cortina de baño que podemos instalar afuera de la kombi, pero por suerte no hemos tenido la necesidad de usarla mucho, la gente nos ve, ve nuestra casa y la mayoría de las veces nos ofrecen agua caliente para alegrar el cuerpo.

Con la kombi aprendimos mucho de carpintería, pero aprendimos más sobre nosotros mismos, que nosotros somos el primer freno que existe para dejar de hacer lo que nos proponemos. Por eso ahora cada vez que nos cruzamos con alguien que tiene una idea, lo animamos a que trate de hacerlo él mismo, porque la recompensa de sentir que eres capaz es algo que vale la pena experimentar. Así que si tienes una idea en mente…. Vos dale.

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