Víctimas del miedo

By Junio 12, 2017Un día a la vez

Hace unos días, Jupa y yo salimos a almorzar. Mientras Jupa elegía su almuerzo, yo trataba de concentrarme en la carta pero la conversación de la mesa vecina me robaba la atención. Un hombre de unos 65 años, sentado frente a una mujer de 55 (soy mala calculando las edades de la gente) trataba de convencerla de que aprovechara la oportunidad de su vida.

Según lo que mi oído intruso logró captar, la mujer acababa de ser despedida de una gran empresa en la que se desempeñaba como asesora o consejera y estaba muy afligida porque a esta edad no sería fácil encontrar trabajo en una nueva empresa. El hombre le enumeró todas las bondades de la situación. Ella era una mujer inteligente, con experiencia en el rubro, con contactos y este despido era la oportunidad que necesitaba para emprender y dedicarse a dar consultorías independientemente. A pesar de todos los esfuerzos del hombre, la mujer insistía en que debía encontrar trabajo en una gran empresa.

Tenía ganas de acercarme a la mesa y decirle que emprender no es tan terrible, que no habrá nada mejor que la libertad de ser su propio jefe, de que será difícil pero gratificante, de que sí yo puedo hacerlo, usted también. Pero no lo hice. Me quedé sentada en los límites de mi propia mesa.

No lo hice por miedo. Por miedo a quedar como la loca intrusa, por miedo al que fueran a pensar de mí, miedo de arruinarle el almuerzo a Jupa. Y en ese momento, la mujer y yo fuimos lo mismo. Víctimas del miedo.

Cuando logra inmovilizarnos, el miedo puede ser nuestro máximo enemigo. Pero las mejores cosas están al otro lado del miedo.

Los sueños, los viajes, los emprendimientos, los propósitos, todos, todos, todos están al otro lado.

El hombre era capaz de motivarla porque él ya había estado ahí. Le hablaba desde el otro lado. Desde la tribuna del que ya vivió y supero los obstáculos, hablando con la autoridad de saber que el esfuerzo valdrá la pena y quizás no habría nada que él pudiera decir para sacarla de esa inmovilidad y motivarla a seguirlo.

Lo mismo pasa con los viajes o con los proyectos que nos sacan de nuestra zona de confort (si, ya sé que todos hablan de la zona de confort). Pero es que si yo miro la vida siempre desde mi burbuja, rodeada de las limitaciones de lo que conozco, cualquier cosa desconocida se verá como un imposible. Por eso es que necesitamos verlo en otras historias y nos damos vuelta internet buscando historias de otros que hayan logrado lo que el miedo me aleja.

Y quizás nunca estemos completamente aislados del miedo para salir y cumplir nuestros propósitos, no importa cuántos cursos, videos o charlas TED vea. Quizás el miedo nunca desaparezca, quizás nunca estemos listos, pero ese nunca debería ser motivo suficiente para no cruzar.

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